LA HISTORIA. Es la narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados. Un conjunto de acontecimientos que se narran. Todo relato tiene una historia, una sucesión de hechos que debemos ir desgranando a lo largo de nuestra novela. A medida que el lector pase las páginas van a ir ocurriendo cosas. Evidentemente, nuestra novela será más interesante cuanto más impactantes, sorprendentes o emotivos sean los hechos que vamos narrando.
EL ARGUMENTO. Es el asunto, la materia de la que trata una obra. El argumento es lo que hace que una historia sea interesante. Y el motivo por el que ocurren las cosas.
LOS PERSONAJES. Es evidente que los personajes son parte clave de una novela. Tienen que ser carismáticos, lograr que el lector empatice con ellos, conseguir llevar sus emociones a la persona que está sentada cómodamente en su sofá.
EL CONFLICTO. Podemos definir el conflicto como la lucha que se plantea entre el protagonista y el antagonista por obtener aquello que desean. Por supuesto, hay diferentes tipos de conflictos, y la definición que acabamos de dar es muy genérica, aunque válida.
LOS OBSTÁCULOS. En la vida real, las personas buscamos la felicidad. En la ficción también, pero debemos poner obstáculos para que nuestros personajes no encuentren la dicha con facilidad.
EL CLÍMAX. Ese conflicto debe zanjarse con un vencedor claro, que no tiene por qué ser el protagonista, dicho sea de paso. Es lo que suele llamarse “escena obligatoria”. Es el desenlace de la historia.
PARA TERMINAR. La ambientación, las descripciones, el ritmo, los diálogos y un largo etcétera. Pero todo eso tiene más que ver con la técnica de escritura que con la construcción de una historia solvente.

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